Jóvenes marginados digitales: interseccionalidad como factor de seguridad digital

Imágenes hechas por Clara Juliano (Coding Rights)

Artículo original publicado en el boletín 17 de Antivigilancia.

En Paraguay, la disminución de la brecha digital alrededor del país es uno de los desafíos latentes que el país busca abordar con éxito, ya que la disminución de dicha brecha forma parte de los objetivos que se deben cumplir para avanzar hacia un desarrollo más integral e inclusivo. Abordar este desafío es de suma importancia, ya que no es un hecho o fenómeno independiente; es un reflejo de las desigualdades socio económicas existentes, y pone a aquellos que no poseen los recursos ni las habilidades tecnológicas necesarias para competir contra una situación que no sólo incrementa su marginación socio económica, sino que también la replica en el ecosistema digital.

Existen iniciativas que apuntan a promover el acceso a Internet con el objetivo de disminuir la brecha digital y promover el desarrollo del país. En Paraguay, entes gubernamentales como la Secretaría Nacional de Tecnologías para la Información y Comunicación (SENATICs) con sus Infocentros, así como también las empresas de telecomunicaciones tales como Tigo y Claro con sus telecentros comunitarios, están haciendo un esfuerzo para implementar programas que promuevan el acceso a Internet en espacios que propicien la Alfabetización Digital y el Acceso a la Información. Dichos programas apuntan a disminuir la brecha digital en distintas áreas de todo el país, pero se encuentran en su mayoría con sus instalaciones alrededor de espacios públicos tanto en el centro de Asunción, como en espacios aledaños a comunidades vulnerables, como el Bañado Sur y la Chacarita. De dichas zonas, los que utilizan estos espacios con más frecuencia son las y los niños de un rango de 9 a 14 años, en su mayoría de escasos recursos y parte de un estrato socio económico bajo.

Un estudio exploratorio -realizado en el 2016 de manera conjunta por Global Infancia y UNICEF- reconoció la importancia de “contar con datos actualizados que permitan conocer, percibir, y dimensionar el uso que los niños, niñas y adolescentes tienen con respecto a las TICs” a manera de aportar en la construcción de políticas públicas que puedan incidir en la falta de protección integral e inclusión social en el ecosistema digital. En este estudio, 1.076 niños, niñas y adolescentes de nueve a 17 años pertenecientes a 20 escuelas y colegios públicos y privados de la capital y de tres Departamentos del país (Central, Caaguazú y Cordillera) completaron un cuestionario de manera voluntaria. Una de las dimensiones de este último fue sobre los usos y costumbres en TICs, e identificó que el perfil de uso de las y los niños y adolescentes está enfocado hacia actividades sociales, de ocio y educativas, siendo predominante el uso de redes sociales, ver videos y escuchar música en Youtube, contactar con familiares y amistades, así como también la realización de tareas para la escuela o colegio. Este estudio tuvo como sujetos a niños y adolescentes que tenían acceso a Internet móvil y a través de computadoras personales, ya sean de propiedad propia o pertenecientes a un miembro de la familia.

De las observaciones realizadas en cuanto al comportamiento de las y los chicos y el uso de Internet a través de las TICs (Tecnologías de la Información y Comunicación), se pueden percibir patrones de uso que difieren de acuerdo con el nivel y frecuencia de acceso a la misma, las cuales se encuentran fuertemente relacionadas con el estrato socioeconómico. A pesar de contar con espacios públicos que proveen acceso a Internet y a la información de manera gratuita, las y los niños de un estrato socioeconómico bajo poseen un contacto con las TICs mucho más limitado que aquellos pertenecientes a estratos sociales más elevados, y un patrón de consumo de contenidos mucho más descuidado. Esto no solamente se debe a que muchas veces la supervisión dentro de estos espacios no es la suficiente o la adecuada para el contexto; también se debe a que, al no contar con la misma frecuencia y consistencia de acceso y uso de Internet, no cuentan con el mismo espacio de oportunidad para desarrollar habilidades que les permitan navegar el ecosistema digital de manera segura y ágil, en comparación a niños y niñas pertenecientes a estratos socio económicos más altos.

En los centros comunitarios de acceso a la información, los cuales son utilizados en su mayoría por grupos que no tienen accesos ni dispositivos propios con conexión a Internet, el perfil de conexión es similar en comparación a aquellos que tengan un acceso más frecuente a Internet en cuanto al uso de algunas plataformas. G. T., quien ejerció el rol de dinamizador en estos espacios, nos comentó sobre las dinámicas digitales observadas durante todo el 2017 relacionadas al uso de Internet de parte de las y los niños y adolescentes de comunidades vulnerables pertenecientes a la zona de la capital. Mientras que las instancias de uso de Internet con propósitos escolares eran prácticamente nulas, los comportamientos de búsqueda y uso más predominantes dentro de estos espacios fueron los de plataformas de juegos online (juegos alojados en sitios web), visualización de videos en Youtube y Facebook.

Uso de plataformas de juegos online

“Los niños quieren jugar. Ingresan a sitios de juegos que están llenos de anuncios, y como ellos no saben diferenciar entre un anuncio y la imagen de un juego ¿a qué crees que le dan clic? Al anuncio, y de ahí se van “paseando” de sitio en sitio buscando el videojuego que nunca llegó. Lo peligroso de eso, además del riesgo de que el equipo se infecte con algún virus, es que terminen en un sitio pornográfico.”

Dentro de cada comportamiento de búsqueda y uso, las y los niños presentaban dinámicas de navegación que demostraban su poco conocimiento sobre seguridad digital. Al buscar sitios web con fines de ocio, en su mayoría de juegos online y al encontrarse con distintos estímulos (links a través de íconos o textos llamativos) tanto de juegos a los cuales sí iban a tener acceso, así como a íconos que simulaban ser juegos, elegían hacer clic a los últimos. Estos íconos, que en realidad eran anuncios, spam, o incluso oportunidades de phishing y/o descarga de paquetes de virus maliciosos, ponían en riesgo no solo al rendimiento y estado de las máquinas dentro de estos espacios, sino también a los datos personales extraídos de los clics realizados a esta clase de sitios.

A pesar de la explicación constante dada por dinamizadores como G. T.. para evitar dichas situaciones en el futuro, se encontraron con que estos niños y niñas no parecían distinguir ni tampoco asimilar los riesgos que implicaban hacer uso de sitios web (y de hacer clic en anuncios maliciosos) que ponían en peligro a las máquinas utilizadas de la sala. El grado de curiosidad de las y los niños, y la falsa promesa de tener acceso a juegos de alta gama (que usualmente son pagos y no otorgan acceso a través de páginas de uso gratuito), presentaban obstáculos muy grandes a la hora de poner en práctica un uso más racional e inteligente de Internet. Además, debido al índole público del lugar y de la limitada cantidad de espacio y computadoras (alrededor de cinco o seis en cada centro), usualmente contaban con sólo un máximo de una hora de uso, para luego dar lugar a otros, lo que significaba que, al no contar con el tiempo necesario para satisfacer su curiosidad y ganas de exploración, era difícil llegar a un punto de uso de las TICs más racional y ágil que les ayude a distinguir los riesgos al navegar en estas páginas.

Videos en Youtube

“Niños con acceso frecuente y supervisión ya saben que videos no van acorde a su edad, o directamente sus equipos tienen filtros. Los niños sin acceso frecuente no. Y el tipo de videos que mayormente terminan viendo son de reggaetón cuyo contenido es erótico, novelas de contenido erótico y violento, películas de terror…”

Según las observaciones realizadas por G. T. durante todo el 2017, la clase de contenidos consumidos pertenecían a categorías de videos de lucha, episodios de distintas telenovelas para adultos, videos musicales de cantantes actuales de reggaetón, episodios violentos de animé y películas de terror, que en su mayoría presentaban escenas muy grotescas, con mucha violencia. Consumían, además, videos de youtubers que muchas veces terminaban siendo su fuente primaria de información sobre el mundo, y que en su mayoría fomentaban una cultura de consumo capitalista e individualista que incluso llegaban a inducir la idea de que más allá de la educación, la posesión de bienes materiales influye fuertemente en el estatus social de uno.

Este patrón también es observado en niños y niñas que cuentan con un mayor y frecuente acceso a Internet. Pero según G. T., la diferencia radica en que existe una supervisión mayor para ellos, tanto de sus padres como de su entorno social, lo cual los ayuda a desarrollar una conciencia de consumo que les hace más capaz de construir una identidad digital con patrones de uso más reflexivos.

Uso de Facebook

“Creo que ni siquiera saben que existe inseguridad en las redes sociales. Aceptan, agregan o siguen a cualquier persona desconocida, e interactúan con ellos. Ellos cuentan TODO, pero también mienten”.

Niños y niñas a partir de seis años ya cuentan con perfiles en Facebook, lo que significa que mienten diciendo que tienen 13 o más años para poder crearse una cuenta. Lo mismo lo hacen para una cuenta de correo, cosa que necesitan para tener un perfil. Las solicitudes de amistad tanto recibidas como enviadas a gente extraña fueron patrones de comportamiento vistos en estos espacios por G. T., así como también la constante interacción por mensajes con gente la cual nunca habían conocido en persona.

A diferencia de niños y niñas de otros grupos socioeconómicos, en comunidades vulnerables no parecen contar con un ambiente sociocultural que les ayude a dimensionar los riesgos que existen sobre su identidad digital a la hora de realizar este tipo de interacciones. Algo que para ellos puede llegar a ser esporádico y sin tanta importancia, como una interacción por mensaje, puede representar un peligro debido a la exposición a posibles instancias de acoso, hackeo, violencia, entre otros.

¿Qué reflejan estos comportamientos?

El uso descuidado de juegos en línea, consumo de videos y de conexión a redes sociales son comportamientos que reflejan el desequilibrio existente en cuanto al acceso físico a la tecnología y la carencia de habilidades necesarias para hacer uso del Internet de manera racional, consciente y segura. Aunque existan iniciativas de provisión de acceso a Internet como las mencionadas, eso no significa que el simple acceso sea efectivo, en tanto siguen estando en un estado de marginación que les impide acoplarse a las necesidades de manejar la tecnología para resolver problemas reales y para ejercer una ciudadanía digital efectiva.

El desafío de disminuir la brecha digital sigue latente de parte de los gobiernos y otras instituciones claves, pero por ende también se debe abarcar y aceptar el desafío de desarrollar soluciones y servicios que se adecuen a las condiciones socioeconómicas y culturales particulares del contexto. Esto significa que la brecha digital debería abordarse a través de un proceso que tome en cuenta estos patrones de comportamiento de uso que fueron observados para así proveer un currículum de alfabetización digital que se adapte al contexto del cual las y los niños vienen. Que se adapte a las necesidades de explorar y de satisfacer la curiosidad dentro de ellas y ellos, para así poder avanzar a una etapa en la cual puedan hacer uso de Internet de una manera más ágil, consciente y segura, y que de manera construccionista puedan ir incorporando hábitos de uso seguro que les permita no solamente disminuir la brecha digital, sino también alejarse de ese estado de marginación en el que se encuentran.

Belén Giménez es asistente de proyectos en TEDIC, ONG que defiende los derechos digitales en Paraguay. Es psicóloga con énfasis en las áreas de interacción humana con la tecnología y ciberpsicología.